Me encanta la leche de tigre que encuentro en Gamarra.
No lo siento.
Cada vez que imagino los chicharrones y el juguito, no puedo más.
Mientras iba a buscar mi vaso y mi cabeza se hacía babas pensando
en el limón, una melena larga me distrajo.
La vi caminando por el pasaje y la alcancé.
Con su sorpresa y con mi hambre, olvidé preguntarle el nombre.



















