Soliloquiaa

Me había ido a caminar con la soledad y encontré un compañero. Uno de esos que mira los gatos pasar y analiza a cada persona del paradero. Lo encontré y lo miré de lejos. Su manera de estar des-acompañado me resultaba muy singular. Estaba solo, pero con todo a la vez. No le faltaba nada. Las energías las tomaba del caminar de las personas y del sonido de su suspirar.

Cuando me descubrió mirándolo, me llamó con el dedo. Me senté a su lado y desaparecí con él. Me llevó a este descampado donde aprendí a ver las cosas como no son y entendí cómo, luego de tanto tiempo de haber estado solo, él solo existía para que yo lo encontrara y me pudiera enseñar el arte de sobrevivir.











A veces, bajo la mirada y me veo los pies. Con los zapatos sucios, con los que se me fue el sueldo, con los que hice el amor, con los que voy a botar. Siempre me dicen algo diferente. 
Una vez, a la entrada de un bar, unos rojos de plataforma me dijeron que era una puta y yo les dije que no era nada que no me hayan dicho los otros zapatos. Que no me hayan dicho mis amigos de hecho... o mi abuela.

Esta, por ejemplo, fue la vez que, en lugar de mirarme los pies, me miré la vida. 
Y era gris y triste, mojada. Con un probable cáncer pulmonar, pero una innegable cirrosis.



¿Alguien aquí lee situaciones (de pies)?










Provocar un sonrisa, sostener una mirada,
la erección de un dedo medio.
Pasar los días haciendo reaccionar al entorno.
-
Justificar el sentido de la vida. 
Sacar la lengua al universo
que no se inmutará con una muerte.
-
Ver que el día se suicida y
entender que, si resucita,
es porque uno está ahí.
-
Hacer que las cosas pasen,
hacer que no pasen.
Tomar decisiones
que decidan quién soy.








Este es E.
__

Me recuerda a todas las relaciones 
destructivas que he tenido.
A todas las veces que me comí las uñas
por la carga emocional que suponían los besos en la frente.
Y a todos los nervios estomacales
que he sentido cuando sabía que se iba a terminar.
Las espirales hacia el hoyo negro se 
hacen más ligeras porque él se hunde conmigo.









Cállate, mamita. No hay nada que puedas hacer.
¿Qué pasó? ¿No me oíste? Pregunté si me la quieres ver.
Tengo mal manejo de mis deseos, enloquezco y me desespero. 
Pero por favor, niña, ¡déjame tocarte el trasero!



Quien no se haya sentido amenazada, que tire la primera piedra.

Según el psicoanálisis, en una persona promedio, el 'ello' es la fuente de todas las actitudes primitivas e irracionales; pero se ve contrarrestrada por esos lados éticos y morales que cada uno posee. Y siendo esto cierto, ¿cómo es que estos cavernícolas siguen existiendo? Hablo de los dueños de esos ojos maníacos que te han seguido por la calle. Como cuando sentías la depravación respirar a tu lado y se detuvo a tu costado para hacer realidad tus pesadillas, para ponerte de rodillas a suplicar por tu vida.

Estas fueron las fotos que hice para el proyecto de unas compañeras de universidad en contra del 'machito de Lima'. Así le pusieron. Limpio y claro porque, vamos, chicas, ¿calladita quién? No nosotras.









Había olvidado postear este cambio luego es esta decisión.

No se me pasa por la cabeza ir a un lugar súper caro a hacerme los cortes de cabello, porque sé que me verán hasta la raíz de la raíz. Siento que me van a criticar, que se van a espantar de mi pelo, que me van a regresar a mi casa por atreverme a aparecer con semejante enredadera. Me entran los nervios. ¿Y si me obligan a tomar tchía? Ok, solo estoy jodiendo.

Tengo tres peluquerías por mi casa. 3, 6 y 9 soles.
Así que fui a raparme cruzando la pista, donde nadie me haría preguntas como cómo conseguí un arbusto tan frondoso en la cabeza. Créanlo o no: terminé contenta.
Me había evitado las reprimendas sobre mi descuido peludo... Por poco.
Me atreví a preguntar si hacían las californianas para saber, para pensarlas, para animarme.
Y todo se desmoronó. Me miraron con cara de '¿no sabes que ya pasaron de moda?'
Do'h!


Mi primera acción por la mañana es ver cómo va el día. Tal vez por eso la depresión sea más fuerte en invierno que en verano. Sin embargo, hoy ha salido el sol. No quiero que se vaya. No, no es eso. No quiero que el sol se vaya sin haberlo sentido. Llamo a mi chico para salir al toque. Me alisto. No sé bien a dónde estoy yendo ni por qué estoy yendo, pero sí con quién y, por eso, lo demás ha perdido importancia. Elijo unos shorts del cajón para combinarlos con la camiseta que él me regaló. Saco la cámara, busco dinero en todos mis bolsillos, encuentro mis llaves, me pongo los audífonos,  me despido de mi gata, mi perra y mi abuela.

Pero vuelvo para cambiarme y ponerme esto.



PD: Siempre he pensado que esta es mi camiseta Alan Harper, lo que me fastidia terriblemente.