Mi primera acción por la mañana es ver cómo va el día. Tal vez por eso la depresión sea más fuerte en invierno que en verano. Sin embargo, hoy ha salido el sol. No quiero que se vaya. No, no es eso. No quiero que el sol se vaya sin haberlo sentido. Llamo a mi chico para salir al toque. Me alisto. No sé bien a dónde estoy yendo ni por qué estoy yendo, pero sí con quién y, por eso, lo demás ha perdido importancia. Elijo unos shorts del cajón para combinarlos con la camiseta que él me regaló. Saco la cámara, busco dinero en todos mis bolsillos, encuentro mis llaves, me pongo los audífonos, me despido de mi gata, mi perra y mi abuela.
Pero vuelvo para cambiarme y ponerme esto.
Pero vuelvo para cambiarme y ponerme esto.























