Soliloquiaa

Vanderson lleva viajando toda mi vida.
Salió de su Brasil y no regresa. Nunca vuelve, solo va.
Pidió su foto trabajando, armándome un anillo.
Antes de ponérmelo, me hizo pedir un deseo.
Nada material, dijo. No se gastan los deseos así.
Todavía no sé si quiero que se cumpla o si ya se cumplió.

Es lindo creer en la magia de las personas.




Me encanta la leche de tigre que encuentro en Gamarra.
Sé lo que están pensando.
No lo siento.
Cada vez que imagino los chicharrones y el juguito, no puedo más.
Mientras iba a buscar mi vaso y mi cabeza se hacía babas pensando
en el limón, una melena larga me distrajo. 
La vi caminando por el pasaje y la alcancé.
Con su sorpresa y con mi hambre, olvidé preguntarle el nombre.







Tengo los pelos en stand by.

Hubo un tiempo que, cuando el cabello me pasaba la nuca, enloquecía. Estos tiempos para ser exactos. Y así me pongo ahora porque no sé qué hacer con él. Es algo tonto, pero debe ser bueno tener una preocupación tonta de vez en cuando.
Me pasé una madrugada enferma pensando en las posibilidades y decidí por la más sencilla, la más barata, la más accesible: nada.
Dejar que el curso de mis negritos sigan hasta que se encuentren con el lunar que tengo más abajo del hombro. Ver qué pasa con la melena larga cuando me vea como un loco.










Esto fue un día cualquiera.

Hoy desperté, noté que el sol, por fin, había salido y decidí quedarme en casa.  
Hay que entender que, una persona como yo, no rehuye de los días inusuales y alumbrados. 
Sin embargo, la cabeza que rige al ente que soy, prefiere la sombrita y una tarde de cervezas tés. 
Mi cama y mi perra. Mi domingo en un lunes.














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Este es el polo gigante que me da paz. 






La niña de flores que encontré en la Marcha del Orgullo.
Sus toques amarillos me llamaron desde lejos.
Fue lindo que llevara la alegría ante la opresión.





"Find what you love and let it kill you".
-Bukowski