Soliloquiaa
Mi chico es delicioso.
Tiene esa forma inusual en todas
las partes de su cuerpo.
Me encanta decirle que me aloca su clavícula
y que la constelación de su espalda es mi favorita.
Es hermoso y no lo sabe.
O no lo quiere aceptar.
De pronto le hace daño saberse guapo.
Eso no lo voy a entender jamás.
Me gusta cuando lo beso y
veo su cara como si le hubiera tomado
una foto con un angular.
Entonces lo veo deforme, su nariz es gigante
y a sus ojos no los encuentro.
Pero así vea su sonrisa a 1cm o a 3143km,
no cambia y se mantiene enamorada.
Ha entrado en depresión porque
no hemos ido a comer anticuchos
y porque los disfraces que nos planeamos,
se volvieron caras tristes por Skype.
Suele matar uno o dos hijos de puta al mes
para ganar algo de dinero y así poder visitarme.
Mi chico no es mi novio,
pero en ningún momento ha dejado de serlo.









Cuando me levanto y alisto mis cosas,
me gusta pensar que veré algo interesante.
Por eso meto mi cámara en la mochila,
para hacer perpetuo lo efímero
y, de paso, suprimir mis paranoias.













Creo que iré a un bar,
me haré con una cerveza
y empezaré a hablar
con un viejo de cuarenta.

Podría preguntarle de qué se trata la vida,
o cómo supero que me rompan el corazón.








1
Mi papá estuvo triste.
Vio mi cuaderno y notó que no sé escribir.
No gritó.
Nunca grita.

2
Mi papá me obligó a leer.
Me apagó la televisión y me dio un libro.
Yo ya tengo muchos, pero este es el más gordo.
Yo solo quiero saber qué pasará cuando Dee Dee presione el botón.

3
Mi papá me estuvo enseñando a escribir "Santa María Goretti".
Anoche no dormí porque no sabía cómo.
Tampoco lo sé hoy. 
En cinco minutos es el dictado.

4
Mi papá me compró Harry Potter.
Un amarillo Harry Potter y la Piedra algo.
Un Harry Potter verde y otro anaranjado.

5
Mi papá escribió una nota y la dejó en la mesa.
Olvidó poner tres tildes.
Las he puesto yo.






Mi papá hizo estas fotos en febrero.

Ya no me obliga a leer.
Yo lo obligo a comprarme libros.



1

El primer caramelo que me dio un desconocido fue uno de menta con relleno de chocolate.
Recuerdo el momento porque el hombre se me acercó el día que más sola me sentí en la vida.
Y haciendo caso omiso a las advertencias de abuela, yo lo acepté encantada.

2
De una desconocida recibí canchita. Yo estaba en la feria del colegio.
Era alegre y se sorprendió porque me la acabé al instante.
Lo malentendí. Solo me había dicho que la sostenga.
Y unos años después, resultó ser la madre de mi chico.

3
De mi más recientes desconocidos he recibido mentas, medialunas,
viandas, postres, huevos con salchichas, pizza, calzones,
jugos helados, pepas y resfríos.

Mi mejor desconocida ha sido quien me ha hecho estas fotos.








He estado sospechando de mí misma.
Mi cabeza ha estado lidiando con muchos conflictos
y vivir sola solo incrementa mi insanidad.

Supongo que dejé de postear para evitar contar qué me sucede.
No he querido que se enteren que ignoro totalmente las recetas de mi abuela 
y aún así, me muero cada día por su ají de gallina.
Estoy muy harta de las pizzas y las comidas de sobre.
Ya no encuentro choclo con queso como en Gamarra 
y el ceviche de 3 soles no existe más donde ando.

Pero hoy estoy en Lima.
Este fue el día que me comí un taco.
Mátenme.







Mi mamá me ha pedido que vuelva a postear.
Supongo que todo lo que haga le parecerá bonito.