Soliloquiaa
Y vivieron felices para siempre. Juntos. Los dos. SIEMPRE.
Estaba en secundaria cuando escuché por primera vez la letra que cantaba Héctor Lavoe al empezar su canción.
Me traumé.
No es que fuera una ilusa pensando en la eternidad, pero el hecho de escuchar ciertas verdades en unas letras cantadas hace parecer que las melodías más bonitas son también las que más duelen.
Duele si el fin de algo implica que te debes quedar solo.
Antes me molestaba, ahora es diferente.
La gente debería aprender a acompañarse de sí misma. 
No depender. Ni de un dios, ni de un amante. Solo ser.

Me encuentro muchas veces disfrutando de mi momentos a solas.
Siendo yo con un libro, con una banca, con las fotos, con lo inerte que vive para hacerme feliz.
Es que cuando es suficiente que tu mente te hable y responda, estoy en paz.







PD: La soledad no es necesariamente triste.


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No sé qué me sucedió cuando me fui a Buenos Aires, seguro fueron los 35º o esa lluvia/ducha que jamás había sentido. Cambié mis tan usadas converse por sandalias que hacen ver aún más gordos mi pies, evité gastar tanto dinero como podía y los pesos que perdí se fueron en vestidos. El de este post es uno de ellos.

No es secreto que odio mis piernas. A los 10 años, evitaba ponerme todo lo que las dejara a la intemperie. Me sentía tan lady y tan descubierta. ¡Tenía moretones por todos lados! ¿Cómo era posible que mis tías pensaran que me veía linda?
No es bonito ir en pantaloneta al colegio y sentir que el chico que te gusta te mira mal, que piensa cosas tal vez hirientes. Mucho menos lo es ir a la playa y sacarte todo para que el mundo te encuentre descubierta, que tu único remedio sea meterte al mar al que tanto le temes y verte juzgada por los peces.
Esconder tus piernas es como caminar cabizbajo, escondiendo el cuello. Tyra Banks me mataría.

Malditos peces y maldita gente criticona.
Haciéndome más vieja, decidí mandarlos al diablo. Total, hacía calor.














PD: La guapísima colombiana que me atendió el día que compré este chachá, me dijo que en realidad era una blusa. Por supuesto, me hizo sentir súper chata frente a tanta belleza de 1.80. Bad luck, Ana

PD2: Cuando quieras una opinión objetiva, no se la pidas a tu familia.

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¡Un abrazo! (Inversamente proporcional a tu autoestima).

Puede que el clima limeño sea insano -en sus dos acepciones- y yo sea muy terca. Suelo andar en shorts, vestidos, faldas; pero en pantalones se me hace extraño.
Salgo de mi casa recién bañada, aún con el calor que me dejó el agua de la terma y pienso en lo locos que deben estar los demás por ponerse polar. Me subo al micro lleno y me toca pararme junto a la puerta; al cobrador no le da la gana de cerrarla y me aguanto el aire gélido que entra. Es aire caliente, ¡qué rico aire! Brrr... ¡Mentira! ¡Qué tarada! ¿Cómo no me puse las leggins? ¡Maldita la hora en la que corté mis jeans! 
¿Qué pensará la gente cuando me ve? Desearía que dejen de mirarme. Sí, me estoy congelando. Me siento un oso polar sin grasa o pelo. Es obvio que no soy la cosa más friolenta del mundo, ¿pero shorts con esta lluvia? 
Así que puedes quedarte callado cuando estés a punto de preguntarme si tengo frío. La respuesta es NO.











Esta es mi idea de chachá abrigador.
De más está decir que este post va dedicado a todos los locos que me preguntan si tengo frío o calor. Mensos :)

DE: Si te gustan estas leggins, puedes verlas en el álbum SHOP del fanpage y mandarme un inbox. 

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Este fue la canción culpable del título.
xx

Había terminado la fiesta, me despedí de todos y me metí al taxi. Apestaba a cigarro y ya oía los gritos de mi madre. ¿Qué hago? Un chicle, un poco perfume, ¿señor taxista, me presta su ambientador? Ese día no me salvé y terminé castigada.
En la siguiente salida no pasaría esto. Acababa todo de nuevo y los amigos estaban en Shaaauu, hay que repertirlo, ¿me prestas para el pasaje? Llegó un taxi a salvarme y adiós. Ya no escuchaba los gritos de mi madre, me sentía segura. Tenía una cartera donde había metido ropa para cambiarme, lo que no sabía era en qué momento lo iba a hacer. Así fue como vinieron a mi mente las palabras de un amigo A. "Ana, sácate así el polo". Tal vez ese día él no lo supo, pero esa oración fue la base de una vida más simple.
Me puse un polo encima, me saqué el de abajo. Au revoir, falda; hello, jeans.

Después de repetir mi hazaña tantas y tantas veces, osé por un nuevo escenario: la calle.
Es necesario, no siempre puedo tomar un taxi.
Estas fotos son la recreación de lo que tuve que hacer cierto día para cierto desfile. De repente me viste sentada en La Paz sacándome los zapatos y mirando a todos lados.










No sé qué sintió el señor taxista cuando notó que me cambiaba en su vehículo, tal vez que ultrajé el verdadero significado de su unidad. Tampoco sé que piensan las personas cuando ven mis medias tiradas en la vereda, pero cuando un amigo les enseñe a cambiarse en la calle puede que ellas hagan lo mismo.


PD: No puse fotos con mi pie calato porque pienso que es un verdadero tamal y hay personas que ni los soportan.


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xx
Yo estaba en quinto grado cuando dos niñas del colegio, a fin de año, me jalaron las trencitas y me puse a llorar. Me subí a la movilidad llorando, bajé en mi casa llorando (con mis primos viéndome) y cuando mi abuela abrió la puerta se quedó en: "¡OOOOH! ¿Qué te pasó?" y yo seguía llorando.
Subí a mi cuarto ya componiéndome, pensé que tonto era botar lágrimas. Ya pues, me jalaron en cabello, gran cosa.
Y de pronto mi abuela fue a verme. Me sacó de la casa así despeinada como estaba. De nuevo estaba allí. Me moría de vergüenza por volver a la escena del crimen. Me obligaron a decirle a mi tutor qué había pasado, lo cual me pareció una total pérdida de tiempo. ¡Era fin de año! ¿Qué iban a hacer?
No era la primera vez que me jodían en el colegio, claro que tampoco era la última. Sin embargo, recuerdo ese momento con mucha claridad porque fue la primera vez que alguien se metió a defenderme.
Era mi primer probada de lo que siente tener un abogado y del asco que es la injusticia.
Así recuerdo mi colegio: injusto. Estaba este tipo X que abusaba de su poder y le daba palmaditas en el trasero a los muchachos. Los que hacían bullying a cierto chico, los que hacían bullying al profe, los que me hacían bullying y el profe que solo se reía del asunto. L@s profes que se la agarraban con un alumno por quién sabe qué razón. El director que cada año subía la mensualidad porque íbamos a tener piscina temperada y así con el mismo motivo 3 años. En fin, muchas cosas.

Sabiendo mi madre que odio tanto mi el colegio, se preocupó uno de estos días cuando me sorprendió subiéndole la basta a mi falda gris de monja que era mi uniforme. ¿Quién no se preocuparía? Hasta yo lo hice. "¡Qué daño!" habría dicho cierto chico de mi promo.













Del colegio, extraño a la enfermera y a mi profesor de Lingüística, pero a nadie más.
Volvería si me pagaran, si le diesen protección a mi familia, si los hiciesen inmortales, pero por otra cosa yo creo que no. Qué horror soportar de nuevo tanta realidad.
Aunque cuando sales es 100 veces peor, ¿no? Al menos ahora puedes tomar cervezas sin esconderte.
Qué bueno que mis amigos del manicomio hagan reuniones de vez en cuando, así no tengo que extrañarlos tanto.

PS: ¿Alguien notó que estoy obsesionada con maletear a mi colegio?

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No solía ir los lunes al colegio. Eran los días que tocaba Religión, cuando daban las notas de los exámenes del viernes y cuando hacíamos la clásica formación por un tiempo prolongadísimo, bastante cercano a las 32984763587901 horas.
Estuve tan desconectada de los lunes escolares por tanto tiempo que, cuando volví a sentirlos, me dieron ganas de hacer un berrinche en el salón para no bajar a formar. 
'Cantar' el himno nacional era parte del ritual. Lo pongo entre comillas porque algunos solo movíamos la boca, otros no se sabían ni la letra e incluso otros subnormales se la cambiaban por una muy vulgar.
Después venía la escolta llevando la bandera y pisando tan fuerte que movían el piso. Todos con cara de cachacos, bien uniformados y por supuesto, ¡ALTOS! Cada vez que veía ese espectáculo, recordaba que yo también había marchado una vez y que ese día me sentí una pavaaaaza andando súper descoordinada. 
En serio, hasta para caminar soy chuecaza. Me han dicho que camino como ebria y pierdo el equilibrio incluso cuando estoy en cuclillas. ¿Cómo pude hacer eso? ¡Qué horror!










Odio que en el colegio te obliguen a amar el Perú.
Ya ven qué resulto de mi año sin opresión de ese profesor que se creía lo máximo y que yo tanto odiaba :@
No sé cómo se me ocurrió juntar todas las escarapelas de mi casa y comprar otras más chéveres. Tal vez fue porque estaba en la Orión o porque mi hermano se puso una para ir a la fiesta de su amiga.
No estaba segura del resultado, pero terminó gustándome y no pienso sacar mis nuevos prendedores en un tiempo. Mi abuela como siempre me maleteó diciendo que pensarían que vendo escarapelas y que las venda para que le pague lo que le debo. 
Yo perdía mi escarapela a propósito, pero ahora si me regalas una, mejor.


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Besos.
Sean felices y coman p...picarones.