Soliloquiaa
Ni caer para arriba ni deshacerte de tus emociones.
Ni caminar con la nariz ni lamerte el codo.
Ni pensar dentro de otra cabeza ni dejar de parpadear.
Ves que esa es la naturaleza poniendo los límites, ¿verdad?
Por eso odio cuando un 'choro' me condiciona.
Me restringe la libertad. Siento que por él dejo de hacer cosas.
Como cuando veo gente y quiero llevármela a escala en una foto.
Andar sola y sacar la cámara supone un peligro mortal.
La depresión ayuda al pensar que, como ya no queda más que perder,
puedes arriesgarte.

Vi a este hombre pintando nubes un día en el que Lima
estaba especialmente odiosa, triste y gris.
Pero veía lo que él iba a hacer: ponerle color al vacío.

Así fue como noté que, de hecho, yo sí puedo lamerme el codo.
Así que, ¿por qué demonios no iba a sacar la cámara?




Cuando ando cerca a modelos, me siento un niño gordo y enano.

Estas son fotos que saqué del desfile inaugural de 'El Rastrillo', que es esta feria organizada por la Asociación de Hogares Nuevo Futuro del Perú, la que tiene la misión de ayudar a bebés, niños y adolescente en estado de abandono. 

No llevo la cuenta de los desfiles a los que he asistido (que igual son pocos), pero no recuerdo nunca haber asistido a uno en el que haya una causa más allá que solo presentar prendas. Así que cuando Ésika, quien se hizo presente en este evento como maquillador oficial, tuvo la amabilidad de pasarme la invitación para el Rastrillo 2014; acepté porque se me disparó la curiosidad. Para abrir, se juntaron Ani Álvarez Calderón, Karen Mitre y Agua Clara en la pasarela. 












Ojalá les hayan gustado las fotos porque me metí donde no estoy segura si debía y la ansiedad hará que me pese en la consciencia hasta que haga algo peor. Pónganse medias lanudas y cuéntenme qué les pareció.





Vanderson lleva viajando toda mi vida.
Salió de su Brasil y no regresa. Nunca vuelve, solo va.
Pidió su foto trabajando, armándome un anillo.
Antes de ponérmelo, me hizo pedir un deseo.
Nada material, dijo. No se gastan los deseos así.
Todavía no sé si quiero que se cumpla o si ya se cumplió.

Es lindo creer en la magia de las personas.




Me encanta la leche de tigre que encuentro en Gamarra.
Sé lo que están pensando.
No lo siento.
Cada vez que imagino los chicharrones y el juguito, no puedo más.
Mientras iba a buscar mi vaso y mi cabeza se hacía babas pensando
en el limón, una melena larga me distrajo. 
La vi caminando por el pasaje y la alcancé.
Con su sorpresa y con mi hambre, olvidé preguntarle el nombre.







Tengo los pelos en stand by.

Hubo un tiempo que, cuando el cabello me pasaba la nuca, enloquecía. Estos tiempos para ser exactos. Y así me pongo ahora porque no sé qué hacer con él. Es algo tonto, pero debe ser bueno tener una preocupación tonta de vez en cuando.
Me pasé una madrugada enferma pensando en las posibilidades y decidí por la más sencilla, la más barata, la más accesible: nada.
Dejar que el curso de mis negritos sigan hasta que se encuentren con el lunar que tengo más abajo del hombro. Ver qué pasa con la melena larga cuando me vea como un loco.










Esto fue un día cualquiera.

Hoy desperté, noté que el sol, por fin, había salido y decidí quedarme en casa.  
Hay que entender que, una persona como yo, no rehuye de los días inusuales y alumbrados. 
Sin embargo, la cabeza que rige al ente que soy, prefiere la sombrita y una tarde de cervezas tés. 
Mi cama y mi perra. Mi domingo en un lunes.














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Este es el polo gigante que me da paz.