Soliloquiaa


Él es M y estuvo, literalmente, muerto.
Tengo su permiso para decirlo, pero cuando me enteré
no supe si asustarme o gritar o salir corriendo.
Él solo sonrió.


Existen esas cosas que dice el profesor y manda tu polo norte al sur.

Había terminado una clase de lenguaje corporal.
Así que me fui dando saltitos al Art of Blue de GAP.
¿Qué mejor territorio para plasmar los dulces conocimientos?
Habían cuerpos que decían lo que nadie quiere decir
y habían trabalenguas ocultos en la inclinación del muchacho de lentes.
El interés, las ideas y todo lo que quería decir en esos 25 grados.
¿Pero quién lo notaba?













Nadie. 
Como los teléfonos son más importantes que las personas,
el muchacho de lentes murió solo.


¿Qué tienen en común Anahí de Cárdenas y este blog? Ninguno es partidario de la gente feliz, pero nos esforzamos. Entonces, gracias a Cyzone, pude ver cómo ella decidió irse sobre todo y hacer feliz a los demás.










No cambiaría nada de su vida, eso lo tiene claro. Le encanta tal como está y recostarse a ver House of Cards con su esposo es como quiere seguir pasando este día y el siguiente de los siguientes... Y tocar y tocar, sin que se acabe la química que la rodea. Tengo que decir que la atmósfera del lugar se parecía a esa reunión de amigos de toda la vida. Allí no valía el acoso de la prensa, ni los microsegundos de pánico para contestar. Era ella en el escenario, haciendo lo que quería y, al parecer, lo que más quiso fue cantarle a su amor mirándolo a los ojos. Luego de la tocada, pudimos conversar. Andaba tan lejos de toda esa burbuja en la que parece encontrarse cada persona de la televisión. No existe niña hueca, ni superficial.  Me fui con la cabeza despeinada y ella en escala de grises, se fue a tomar unos tragos en medio del humo barranquino.




Me he trepado al destrozado techo de mi casa unas cuantas veces. Algunas para hacer fotos, otras para reunirme con ratas muertas. Y en medio del escombro, me doy cuenta que no importa qué día haya sido o qué haya comido; cuando me mando a lo alto, solo puedo pensar en lo peligrosamente frágiles que nos hace esta suerte de tejidos, células y ombligos. ¿Para qué? Para descubrir que, además, tenemos un trozo de carne viva en medio de lo emocional. Que no es tangible, pero puede llegarse a tocar. Que es toda una lástima que, siendo eso verdad, nadie pueda ponerte alcohol y una curita donde se te resquebrajó el alma. De esa vez que te botaron del tandem. Ese que quisiste montar hasta las arrugas. Todas de felicidad.










Que la llevaría de compras, que la vestiría de mil colores, que se harían las uñas juntas. Tres de las tantas cosas que Maju Mantilla espera hacer con la niña que aún existe en sus sueños.






Ésika presentó Amar y Amor. Un par de perfumes que buscan reforzar el lazo madre-hija. Un tarea sencilla, posible o inalcanzable dependiendo tu historia; pero, al fin y al cabo, noble. El lazo siempre existe después de todo, es algo invisible que las une para toda la vida. 

Amar (para mamá) con notas de rosa y flor de loto, y Amor (para hija) con esencias frutales y algodón de azúcar. Más allá de eso, piensa en el recuerdo que dejará en tu mente cada vez que sientas la fragancia. Que cuando vayas por la calle y respires algo igual, te vas a ir caminando sin pisar las rayas y tres veces más alegre.





No pude salir de mi casa sin sentirme muy, pero muy chica con esto. Después de sacar mi orejas y ver lo pequeñita que me veía en el espejo, me subí al primer bus que vi venir. Todavía no sabía lo que iba a hacer ese día. Estaba en medio de un trance sentada al lado del chofer hasta que, luego de mandar seis mensajes, me encontré conmigo misma cuando salté al paradero de Plaza Vea. Bajé la mirada y me pasé de largo porque ya me había aburrido de tener que lidiar con Ana cada día de la vida. Al final, fue eso lo que hice: evitarme todo lo que pudiera con tal sentirme feliz mientras cruzaba de vereda en vereda.










Es una situación terrible.
La de escribir esto, me refiero.
Usualmente, cuando escribo sobre alguien es porque
le tengo mucha confianza o no la conozco en lo absoluto.
Y, a veces, me resulta mejor lo segundo.
Por no decir siempre.

 A ella había visto entrar y salir del salón. Nunca le había hablado.
Me llamaba la atención el garbo tan lindo manejaba.
Y entonces, un día, le pedí una foto.
No sé si como a todos la asusté,
pero sonrió y me fue tan,
pero tan suficiente.