Soliloquiaa
Si lo pienso bien, puedo contar con los dedos de las manos
a la gente que se me hace fácil capturar.
Son de esos pokémones que no se resisten.
Es una suerte de imantismo entre cámara-persona.
Estos seres suelen tener los ángulos correctos en cada ángulo incorrecto.
No importa qué tan temprano se hayan despertado
o que tan sucios y apestosos estén hoy.
Siempre encuentran la manera de robarle
la hermosura al ambiente y metérsela por los ojos.










Lo que buscas está más cerca de lo que crees.
Fíjate en los detalles, ve debajo de tus media sucias,
da media vuelta, nota qué ve tu espalda.

Esto pasó en San Valentín.
Buscaba una pareja que no estuviera apachurrada.
Mientras me rendía, se me ocurrió voltear.
Así fue como los aceché.

Qué bonito es que se te simplifique todo.
Como que el control remoto se acerque a ti
cuando no quieres pararte a buscarlo.





Se la robé a su papá
mientras hacía las fotos del post anterior.
Corrí para alcanzarla y él lo pensó.
Daba la impresión de que iban a comprar ropa,
pero qué sé yo.
Y lo que menos sé
y no entenderé
es esa confianza extrema
entre padre e hija 
que a mí no me tocó.




Ya sabes lo que dicen de la luz, pero me resultan voces que no logro entender.
Denotar la luz es como decir que un chupetín es el pedazo delicioso que se desprende de la pared.
Y así me despierte a las 5 de la mañana para ver todo el progreso del cielo hasta que den las 7, no voy a conseguir encontrar un significado mejor que 'la luz, tanto como tú, solo hace que vea las cosas diferentes'.













Me pasé persiguiéndola 5 eternos indecisos minutos.
¿Le digo o no le digo?
Se ve apurada.
Está en grupo.
Y entonces la vi con él.
Ya fue. Me voy.
Cachetada del universo y
¿puedo tomarte una foto?
No hablo español.
Can I take you a picture for a blog?
Sure!
Gracias.
And that's all I have to say about that.





Mido mi tiempo en canciones.
Sé que toma, en promedio, 3 canciones regulares para bañarme,
pero 3 de Justin Timberlake extendidas cuando estoy deprimida.

Estaba yo viviendo tranquila, midiéndome el  día
con Muse y a alguien se le ocurrió poner baladas.
Medir el tiempo en baladas no funciona.
Entre planchar y cocinar, lloras.
Entre comprar zapatos y jugar en tu perra, lloras.
Y así es como te gastas 10 canciones en una actividad sin sentido.

Entonces las transformas en raps desenfrenados
pronto compites con Busta Rhymes, lo dejas en la calle
y empiezas a ver la vida como quieres.
Porque, al final, solo queda reírte de los temas noveleros.

¿O no?










Si tienes que preguntar para obtener respuestas, la revelación pierde el encanto.
Déjame ir de frente, tocar tu puerta tres veces y contarte por qué me duelen las uñas de los meñiques.
Que por qué mi felicidad va en último lugar y por qué el melón sigue siendo Satanás.