Soliloquiaa
Creo que iré a un bar,
me haré con una cerveza
y empezaré a hablar
con un viejo de cuarenta.

Podría preguntarle de qué se trata la vida,
o cómo supero que me rompan el corazón.








1
Mi papá estuvo triste.
Vio mi cuaderno y notó que no sé escribir.
No gritó.
Nunca grita.

2
Mi papá me obligó a leer.
Me apagó la televisión y me dio un libro.
Yo ya tengo muchos, pero este es el más gordo.
Yo solo quiero saber qué pasará cuando Dee Dee presione el botón.

3
Mi papá me estuvo enseñando a escribir "Santa María Goretti".
Anoche no dormí porque no sabía cómo.
Tampoco lo sé hoy. 
En cinco minutos es el dictado.

4
Mi papá me compró Harry Potter.
Un amarillo Harry Potter y la Piedra algo.
Un Harry Potter verde y otro anaranjado.

5
Mi papá escribió una nota y la dejó en la mesa.
Olvidó poner tres tildes.
Las he puesto yo.






Mi papá hizo estas fotos en febrero.

Ya no me obliga a leer.
Yo lo obligo a comprarme libros.



1

El primer caramelo que me dio un desconocido fue uno de menta con relleno de chocolate.
Recuerdo el momento porque el hombre se me acercó el día que más sola me sentí en la vida.
Y haciendo caso omiso a las advertencias de abuela, yo lo acepté encantada.

2
De una desconocida recibí canchita. Yo estaba en la feria del colegio.
Era alegre y se sorprendió porque me la acabé al instante.
Lo malentendí. Solo me había dicho que la sostenga.
Y unos años después, resultó ser la madre de mi chico.

3
De mi más recientes desconocidos he recibido mentas, medialunas,
viandas, postres, huevos con salchichas, pizza, calzones,
jugos helados, pepas y resfríos.

Mi mejor desconocida ha sido quien me ha hecho estas fotos.








He estado sospechando de mí misma.
Mi cabeza ha estado lidiando con muchos conflictos
y vivir sola solo incrementa mi insanidad.

Supongo que dejé de postear para evitar contar qué me sucede.
No he querido que se enteren que ignoro totalmente las recetas de mi abuela 
y aún así, me muero cada día por su ají de gallina.
Estoy muy harta de las pizzas y las comidas de sobre.
Ya no encuentro choclo con queso como en Gamarra 
y el ceviche de 3 soles no existe más donde ando.

Pero hoy estoy en Lima.
Este fue el día que me comí un taco.
Mátenme.







Mi mamá me ha pedido que vuelva a postear.
Supongo que todo lo que haga le parecerá bonito.

Jamás me había topado con ojos de tantos colores juntos.
Veo celestes, verdes, caramelos y solo me preocupo de que no noten que estoy hipnotizada.
Si, de por sí, mis habilidades sociales son el asco; tener elementos 'desconcentradores' es peor.

Quise tomar fotos de los estilos de la gente desde que llegué, pero no tenía valor.
Ya me han choteado varias veces y frente a un 'no', mi sonrisa nerviosa fluctúa, quiere hacerse puchero.
Mis labios quieren pelear, quieren insistir; pero no hay caso.
Mis rodillas, mis caderas, algo en mí quiere venirse abajo.
Mis rechazos fueron la epítome del estilo, toda gente mayor.
Mi cerebro debería tener una SD.

Lo entiendo, si una tipita random se te acerca y te pide una foto... AWKWARD.
Así que empecé caleta con el celular a intentar, pero nada. 
No controlo la velocidad, la gente está apurada.
Tenía que pararlos y plantarme delante de ellos.
Me topé con esta chica linda cierto día viendo vitrinas
y fue la piedra con la que edifico mi confianza ahora.
Allí les va.
Ella y otras personas que contribuyen al blog y mantienen mi sonrisa fija.
Gracias a cada uno.

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*Las fotos están enumeradas solo porque sí.



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Siempre he preferido juntarme con niños desde chica.
Eran mi única referencia.
Así que voy a culpar a mi infancia con ellos
y voy a adjuntar mi actitud insensible a los cargos que le imputo.
Solo hoy porque quiero.

La peor parte se la llevó mi querido J.

J es el prototipo de chico que -según facebook- la mayoría de mujeres quiere.
Detallista, amable, romántico, sensible, leal.
El que te escucha y hasta pregunta por tus problemas.
El  que recoge tu tacón perdido a la medianoche.
El que te despierta de un sueño de 100 años con un beso.

J es el chico que me ha acompañado desde el colegio hasta que muera.
Porque sí, sé que él estará allí.

Me he apartado de J.
No sé cómo decir que lo extraño sin decir que lo extraño directamente.
Se me hacen nudos los dedos, olvido los eufemismos 
y todo lo que pienso me hace sentir tonta.
Me hace sentir vulnerable y débil.

Me asfixia su ausencia.
Lo he tenido allí para mí tanto tiempo y más del que he llegado a querer.
Pero "más del que he llegado a querer" no es suficiente ahora.
No tengo más tiempos extras.

Necesito que estés conmigo.
Después de todo, J, tú formas parte de mi Santísima Trinidad.





Y gracias por hacer las fotos. Como siempre. .
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