Soliloquiaa: blusa
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Siempre he preferido juntarme con niños desde chica.
Eran mi única referencia.
Así que voy a culpar a mi infancia con ellos
y voy a adjuntar mi actitud insensible a los cargos que le imputo.
Solo hoy porque quiero.

La peor parte se la llevó mi querido J.

J es el prototipo de chico que -según facebook- la mayoría de mujeres quiere.
Detallista, amable, romántico, sensible, leal.
El que te escucha y hasta pregunta por tus problemas.
El  que recoge tu tacón perdido a la medianoche.
El que te despierta de un sueño de 100 años con un beso.

J es el chico que me ha acompañado desde el colegio hasta que muera.
Porque sí, sé que él estará allí.

Me he apartado de J.
No sé cómo decir que lo extraño sin decir que lo extraño directamente.
Se me hacen nudos los dedos, olvido los eufemismos 
y todo lo que pienso me hace sentir tonta.
Me hace sentir vulnerable y débil.

Me asfixia su ausencia.
Lo he tenido allí para mí tanto tiempo y más del que he llegado a querer.
Pero "más del que he llegado a querer" no es suficiente ahora.
No tengo más tiempos extras.

Necesito que estés conmigo.
Después de todo, J, tú formas parte de mi Santísima Trinidad.





Y gracias por hacer las fotos. Como siempre. .
.

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Me gusta confiar en extraños. Me gusta confesarle mis secretos a ese tipo que me habla cuando estoy sentada en una banca de Kennedy. Que apareció de la nada, que preguntó mi nombre, mi nacionalidad y no pidió confidencialidades; pero igual se las conté.
Mi abuela siempre repite que no acepte nada de desconocidos y yo no imagino que hubiera sido de mi cabeza si, las personas para las que soy extraña, no hubieran aceptado nada de mí.
Se parece mucho a escribir un diario nuevo con cada conversación. Contado siempre las mismas cosas, pero el diario siempre respondiendo diferente. Más amable, más triste, más divertido, más intolerante.
Le expliqué a L que una vez que la gente deja de ser extraña, hay dos caminos: allí paramos o empiezas a ser mi amigo. No es que la gente se muera por lo segundo, pero yo me preocupo. ¿Habré escogido mal alguna vez? ¿Esa niña bonita y flaquita con la que hablé de pequeñita habría estado bien? ¿Ese señor que conocí de casualidad hubiera sido una pieza clave en mi vida? ¿Hubiera sido yo algo en la suya?





Me parece que debes saber escoger con quién compartir tu cabeza, yo la comparto contigo, lector, porque de alguna manera eres también un desconocido y me gusta contarte cosas (y mostrate outfits sin razón).

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Había terminado la fiesta, me despedí de todos y me metí al taxi. Apestaba a cigarro y ya oía los gritos de mi madre. ¿Qué hago? Un chicle, un poco perfume, ¿señor taxista, me presta su ambientador? Ese día no me salvé y terminé castigada.
En la siguiente salida no pasaría esto. Acababa todo de nuevo y los amigos estaban en Shaaauu, hay que repertirlo, ¿me prestas para el pasaje? Llegó un taxi a salvarme y adiós. Ya no escuchaba los gritos de mi madre, me sentía segura. Tenía una cartera donde había metido ropa para cambiarme, lo que no sabía era en qué momento lo iba a hacer. Así fue como vinieron a mi mente las palabras de un amigo A. "Ana, sácate así el polo". Tal vez ese día él no lo supo, pero esa oración fue la base de una vida más simple.
Me puse un polo encima, me saqué el de abajo. Au revoir, falda; hello, jeans.

Después de repetir mi hazaña tantas y tantas veces, osé por un nuevo escenario: la calle.
Es necesario, no siempre puedo tomar un taxi.
Estas fotos son la recreación de lo que tuve que hacer cierto día para cierto desfile. De repente me viste sentada en La Paz sacándome los zapatos y mirando a todos lados.










No sé qué sintió el señor taxista cuando notó que me cambiaba en su vehículo, tal vez que ultrajé el verdadero significado de su unidad. Tampoco sé que piensan las personas cuando ven mis medias tiradas en la vereda, pero cuando un amigo les enseñe a cambiarse en la calle puede que ellas hagan lo mismo.


PD: No puse fotos con mi pie calato porque pienso que es un verdadero tamal y hay personas que ni los soportan.


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xx